Cuando le propuse: "Si no puedes aguantarte de correrte, como castigo te quitamos el condón y te llenamos el coño, ¿vale?", aceptó con toda confianza, pero era demasiado fácil y se corrió enseguida. Así que cuando le quité el condón y se la metí a pelo, perdió ante la tentación de que la rellenaran por dentro mientras soltaba gemidos aho y terminó suplicándolo. Fue adorable.