Al principio nadie se dio cuenta del peligro: hubo una historia dolorosa de un niño. Un día normal, mientras jugaba, se cayó levemente, y su familia pensó que no era algo como para preocuparse, solo un tropiezo que se curaría con el tiempo. Pero el dolor no desapareció… Más bien siguió y empeoró, y al final no les quedó otra que llevarlo al médico. Ahí vino el golpe. Aquella caída «leve» se había convertido en tragedia: el niño quedó con parálisis parcial y su vida cambió por completo. De ser un niño que corría y reía sin restricciones… a ser un niño atado a una silla de ruedas por el resto de su vida por haber tomado a la ligera un solo instante.